Hay momentos en los que el mundo parece necesitar una luz más grande que nunca.
Una luz que atraviese las fronteras, que llegue a los hogares, que entre en los corazones cansados y que recuerde al ser humano algo que jamás debería olvidar:
Todos somos parte de una misma vida.
Bajo la radiante presencia del Arcángel Uriel y del Rayo Oro-Rubí, elevamos hoy una oración por la humanidad.
No pedimos solamente abundancia para nosotros.
Pedimos que la abundancia llegue donde existe necesidad, que el alimento llegue a las mesas vacías, que el trabajo llegue a quienes lo buscan, que los hogares recuperen la paz y que ningún corazón pierda completamente la esperanza.
Amado Arcángel Uriel, enciende tu Luz en la conciencia de la humanidad.
Ilumina aquellos corazones que han olvidado la compasión.
Ilumina las mentes que viven atrapadas en el miedo, la división y el resentimiento.
Ilumina a quienes tienen poder para que recuerden que servir también es una forma de grandeza.
Que tu Rayo Oro-Rubí despierte en nosotros una nueva manera de mirar al mundo: no desde la separación, sino desde la comprensión de que cada pensamiento de amor, cada palabra de paz y cada acto de bondad puede convertirse en una pequeña semilla de transformación.
Bendice a nuestra Madre Tierra.
Bendice sus mares, sus ríos, sus montañas, sus bosques y todos los seres que habitan en ella.
Que el ser humano aprenda nuevamente a cuidar aquello que recibió como regalo y comprenda que la Tierra no necesita solamente ser habitada: necesita ser amada.
Amado Uriel, lleva tu Luz a los lugares donde existe conflicto.
Que donde haya odio nazca comprensión.
Donde haya violencia, nazca conciencia.
Donde haya hambre, llegue provisión.
Donde haya soledad, aparezca compañía.
Donde haya desesperanza, vuelva a encenderse la fe.
Y donde exista oscuridad, que una sola chispa de amor tenga la fuerza suficiente para comenzar a iluminarlo todo.
Hoy no pedimos un mundo perfecto.
Pedimos corazones más conscientes.
Porque cuando cambia el corazón humano, comienzan a cambiar las familias.
Cuando cambian las familias, cambia la sociedad.
Y cuando la conciencia se eleva, el mundo entero puede comenzar a caminar hacia una nueva realidad.
Arcángel Uriel, enséñanos a ser parte de esa transformación.
Que nuestras manos sepan ayudar.
Que nuestros labios sepan bendecir.
Que nuestros pensamientos sepan construir.
Que nuestras diferencias no sean motivos de separación, sino oportunidades para aprender a respetarnos.
Que podamos dejar a las nuevas generaciones una Tierra donde todavía existan esperanza, amor, naturaleza, dignidad y paz.
Hoy colocamos simbólicamente a la humanidad bajo la Luz del Rayo Oro-Rubí y decimos desde lo más profundo del corazón:
Que despierte el amor.
Que despierte la conciencia.
Que despierte la compasión.
Que despierte la humanidad.
Que la Luz del Arcángel Uriel ilumine cada hogar, cada familia y cada corazón que hoy necesita recordar que todavía existen razones para creer en el bien.
Y que esa Luz no se quede solamente en nuestras palabras.
Que se convierta en nuestras acciones.
Porque quizá el milagro que estamos esperando para el mundo comienza con una persona que decide hoy ser más amorosa, más consciente, más generosa y más humana.
Amado Arcángel Uriel, derrama tu Rayo Oro-Rubí sobre la humanidad y ayúdanos a recordar el camino de regreso al Amor Divino.
Que la paz encuentre un lugar en cada corazón.
Que la abundancia llegue donde hace falta.
Que la Tierra sea respetada.
Y que la Luz jamás deje de encontrar corazones dispuestos a recibirla y compartirla.
Así sea.
Así es. Echo está.
Y que sea para el mayor bien de toda la humanidad
