Pido al Padre coraje para yo también manifestar con humilde seguridad, en presencia de mis enemigos, esa palabra tan temida por ellos. Que sea contra los espíritus del mal, mi grito de guerra, así como también fue el tuyo. El sólo bastará para aniquilar todo su poderío. Bajo tu vigilante mirada y secundada por tus inspiraciones, opondré al mismo Dios a cada tentador. Cuando sea atacado, o atemorizado, repetiré confiado: «¿Quién como Dios?». Estas palabras serán mi salvación y mi confianza. Amén”.
“San Miguel, tú eres nuestra protección y nuestra defensa contra el mal. Coloca tu Escudo de la Verdad sobre nosotros y defiéndenos en la batalla que Satanás libra contra la verdad. Ayúdanos a reconocer el sendero recto del Amor Santo. Califica nuestras decisiones entre el bien y el mal, colocándonos siempre al amparo de tu Escudo de la Verdad. Amén”.
“Amado Arcángel Miguel, protector del bien, vencedor del mal, blande tu espada de fuego azul potente formando un círculo mágico de protección alrededor de mis campos energéticos, a fin de que ninguna entidad maligna pueda acercarse ni remotamente, para hacerme daño de ninguna manera. Con tu poderosa espada de fuego azul, destruye cualquier maleficio, cualquier mala intención, cualquier hechizo, cualquier
Oh glorioso Jefe de las Celestes Jerarquías, de la misma manera que lograste disipar el poderío del mal, y merecer tu nombre sublime de Miguel, pronunciando la frase «¿Quién como Dios?», dame la fuerza y el
“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él Su Poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh! Príncipe de la Milicia Celestial, con el Poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén”.
Amado Miguel te pido que mi Nivel Vibracional se encuentre al máximo para que las protecciones que nos instalemos no puedan ser leídas ni escudriñadas por nada que sea inferior a la Luz, la Verdad y el Amor. Amén, amén, amén.
